sábado, 15 de noviembre de 2014

LA AMAZONIA BUSCA REMEDIAR LOS DAÑOS DEJADOS POR TEXACO


LA HUELLA DE TEXACO NO DESAPARECE



Con alrededor de 330 pozos petroleros y cientos de piscinas que no contaban con una debida protección del suelo en una extensión de 400.000 hectáreas, Texaco dejo una huella de contaminación imborrable en la Amazonía Ecuatoriana desde 1964 afectando a innumerables familias, flora y fauna que hasta hoy, no pueden recuperar su estado natural.
                                      


Luego del hallazgo del petróleo en 1859, año en que se perforo el primer pozo de esta sustancia en el mundo, los gigantes petroleros se han ido apropiando de territorios ricos en este oro negro y Ecuador no ha sido la excepción pero al llegar a este pequeño país, Texaco, hoy Chevron, ha destruido el ecosistema Ecuatoriano dejando sin recursos naturales, animales y vegetales a innumerables familias.

Luego de 1992 cuando venció el contrato de esta petrolera con Ecuador, esta ya había extraído 1500 millones de barriles petróleo y vertió 19.000 millones de galones de residuos tóxicos y 17.000 millones de galones de petróleo convirtiéndose así en el mayor desastre petrolero del mundo. 

La comunidad Cofan tenía alrededor de 4500 habitantes antes que se explotara el petróleo, pero hoy en día, como consecuencia, solo superan las 1500 personas. Esto se debe a que más de 1400 han muerto a causa del cáncer provocado por el uso de las aguas contaminadas de los ríos y riachuelos de la zona y miles más han muerto por otras enfermedades relacionadas a la contaminación.

Pablo Fajardo Abogado y representante del frente de defensa de la Amazonía cuenta que en los primeros años de extracción del petróleo hubo 2 comunidades indígenas que se extinguieron de forma total y que además, la tierra donde se construyeron las carreteras y que han sido cubiertas con petróleo crudo por varios años  “murieron en ese espacio” y es difícil o imposible recuperarlas.


ESCUCHA LA ENTREVISTA COMPLETA A PABLO FAJARDO
 
Fajardo relata entre otros temas, como ha sido afectada la riqueza ictiológica y que a simple vista en la actualidad es difícil encontrar especies que “sabemos que existían” y los pueblos originarios de la zona se alimentaban de ello pero con el petróleo han ido desapareciendo.

El agua es el líquido vital que sostiene la vida de la especie humana, animal y vegetal pero desde aquellos años, el aire, el agua y la tierra empezaron a mostrar los síntomas contaminantes que acabaron con la pesca y varios animales que servían como su sustento alimenticio. Es así que debido a la existencia de las piscinas de petróleo abandonadas, murieron 24.000 cabezas de ganado (Según datos de ANDES).

Héctor Tenemasa, habitante de Shushufindi en la provincia de Sucumbíos y periodista de la misma, nos relata que ha sido testigo de la muerte de varias personas a causa de la contaminación y de una amplia cantidad de animales como gallinas, patos, caballos, entre otros animales domésticos, sin contar con las especies animales nativas de la zona como varias aves exóticas que se acercan a tomar agua y mueren infectadas por el crudo. El agua además ya no puede ser ingerida porque está contaminada, lo cual ha obligado a las comunidades a implementar un sistema para recoger el agua lluvia pero esta tampoco se la puede consumir a menos que se la hierba ya que el aire también está plagado de tóxicos provocados por la quema de gases que contaminan al mismo.


ESCUCHA LA ENTREVISTA COMPLETA A HECTOR TENEMASA


Se requiere descontaminar el área, dejar de verter tóxicos y realizar una reparación, es decir que la naturaleza se restaure por si sola, pero no solo una remediación o sea “poner remedios” (que es lo que se está haciendo actualmente y que así lo ha dicho Fajardo).

Pero la actividad petrolera continua y tal parece continuará. El dinero incautado a Texaco serviría para una remediación, la cual día tras día se intenta alcanzar en la Amazonia y es aquí donde el sueño Amazónico no se detiene pues lo que buscan es poder vivir con dignidad y en un ambiente sano, pero las víctimas aseguran que no es lo mismo relatarlo que verlo, palparlo y principalmente vivirlo. Se hace también un llamado a la comunidad a que se una en ayuda y la lucha anti Chevron.


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